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Blog de Fellini

23 de junio de 2026

El alma que baila

Un viaje por el universo de la danza en Cuba

Hablar de Cuba es hablar de ritmo. Es imposible pensar en la isla sin que te vengan a la mente imágenes de cuerpos moviéndose al compás de la clave, de pies que marcan el ritmo sobre los adoquines coloniales y de caderas que cuentan historias de resistencia y alegría. La danza en Cuba no es solo entretenimiento; es el latido del corazón de su gente, un lenguaje universal que expresa su identidad mestiza y su vitalidad inagotable. «La danza está grabada en el código genético de los cubanos, como legado de la fusión de la cultura africana con la española». Es, como dice un viejo refrán, el alma la que baila.

Una historia que se mueve al compás de los siglos

El baile en Cuba es el resultado de un fascinante crisol cultural, una crónica viva del complejo tejido social de la isla y de su turbulento pasado. Desde los rituales sagrados y los fundamentos percusivos de las culturas africanas -sobre todo las de ascendencia yoruba, congo (bantú) y arará-, traídas a la fuerza durante la época colonial para trabajar en las plantaciones de azúcar y tabaco, hasta las elegantes y estructuradas de los bailes de salón europeos, como la contradanza francesa y el fandango español, y las conmovedoras «aires andaluces», con ese arrastre de pies, que trajeron los colonizadores del sur de España, cada paso está impregnado de una historia llena de matices de encuentro y resistencia. Esta fusión dinámica, forjada en el crisol de los ingenios azucareros rurales, las bulliciosas ciudades portuarias, y los estrechos solares de La Habana y Matanzas, hace que cada movimiento en la pista de baile sea más que una mera coreografía: es un diálogo entre continentes, una negociación rítmica que cuenta la historia de la supervivencia, la adaptación, el sincretismo religioso y el eventual nacimiento de una identidad exclusivamente cubana. La pista de baile se convirtió, en esencia, en un escenario donde los oprimidos y los opresores, los esclavos y los libres, tejieron sin darse cuenta un nuevo lenguaje estético que acabaría cautivando al mundo entero.

Los primeros pasos: del areito al zapateo

Mucho antes de que llegaran los españoles, los pueblos taínos que habitaban la isla ya practicaban el areito, una danza ceremonial que combinaba canto, música y movimientos en círculo. Esta tradición ancestral sentó las bases de una cultura en la que la danza y la vida cotidiana siempre han ido de la mano.

En el siglo XVIII ya había salones de baile y casas de baile en la isla. El zapateo, que surgió en las zonas rurales hacia 1550, es uno de los primeros ejemplos de fusión hispano-africana, con su característico arrastre de pies, posiblemente de origen andaluz. En las calles de la La Habana colonial, las llamadas «escuelitas» -academias de baile que existían desde la época colonial- eran espacios donde la gente común aprendía y transmitía los ritmos del momento.

El nacimiento del danzón: el primer baile nacional

A finales del siglo XIX, el danzón se consolidó en Matanzas, siendo reconocido oficialmente como el baile nacional de Cuba. Lo creó el compositor matanzano Miguel Faílde (1852-1921) hacia el año 1879, basándose en otro género cubano llamado «la danza», una variante de la contradanza europea.

El danzón surgió como resultado de la transculturación de la contradanza europea, que llegó a principios del siglo XVIII a través de las cortes españolas, enriquecida por las migraciones de colonos franceses y de personas negras y mulatas procedentes de Haití. Este baile de salón recibió una influencia mestiza que lo transformó en música criolla, convirtiéndose en el primer género en surgir en La Habana.

Lo fascinante del danzón es que, aunque mantuvo la influencia afrocubana en su ritmo, tenía una mayor libertad expresiva que permitía a la pareja abrazarse con más sensualidad. Desde principios del siglo XX, el danzón se arraigó profundamente no solo en Cuba, sino también en México, donde sigue formando parte de la cultura popular. Se interpretaba principalmente con instrumentos de viento: flauta, violines, timbales y percusión cubana.

La edad de oro y la expansión mundial

A principios del siglo XX, el son cubano -que combinaba la estructura de la música española con elementos e instrumentos afrocubanos e indígenas- empezó a ganar terreno. Los primeros sones surgieron en el este de Cuba a finales del siglo XIX y, a principios de la década de 1930, el son ya era el género musical y el baile más influyente de Cuba.

Al principio, las élites consideraban el son «música inferior» y un «baile indecente», pero su popularidad entre la gente corriente era imparable. La Sonora Matancera, uno de los grupos más aclamados, llevó el son a las altas esferas sociales cuando el presidente Gerardo Machado los invitó a su fiesta de cumpleaños. El son cubano alcanzó proyección internacional a partir de la década de 1930, conquistando el mundo.

Los ritmos que mueven el mundo

Hablar de la danza cubana es hablar de una familia de ritmos tan variados como la propia isla. «Cuba es uno de los países que más géneros bailables ha aportado al repertorio de danzas internacionales». Cada uno tiene su sabor, su carácter y su forma de contar la vida.

El Son Cubano: la raíz de todo

El son es la raíz. Casi todos los demás géneros se inspiran en él. Su cadencia y el diálogo entre la guitarra y el tres crean la base musical sobre la que se construye el baile de la pareja, íntimo y lleno de «sabor». Es un baile en pareja y un género musical originario de Cuba, cuyas primeras manifestaciones se remontan al siglo XVIII, asociadas a ambientes festivos. Es, sin duda, la columna vertebral de la música y el baile cubanos.

La rumba: Patrimonio de la Humanidad

La rumba no es un baile único, sino un conjunto de ritmos que incluye el guaguancó, la columbia y el yambú. Surgió durante el colonialismo español, en plena expansión azucarera, impulsada por personas negras libres y sus descendientes pertenecientes a diferentes grupos étnicos africanos, como los lucumí, los ganga, los arará y los gangá-bantú.

La rumba era típicamente una danza folclórica afrocubana que servía como danza de la fertilidad, y tomó sus bases para el baile de salón en el siglo XVII del son cubano. El guaguancó, la variante más desarrollada, es un baile de los barrios negros que representa el cortejo del hombre a la mujer, lo que da lugar a los movimientos sensuales que caracterizan al bailarín de salsa. El Columbia tiene un origen más marcial, con bailes atribuidos a los Congos conocidos como «baile de maní» (baile del cacahuete), que podrían considerarse rumbas muy primitivas.

El chachachá: el ritmo que conquistó el mundo

El chachachá es un ritmo musical cubano y un estilo de baile popular que surgió del danzón-mambo a principios de los años 50. Lo creó el violinista y director de orquesta cubano Enrique Jorrín, quien, al ver las dificultades que tenían los blancos para bailar el mambo, inventó este nuevo ritmo: «para los cubanos que no saben mambear».

Jorrín tomó el danzón como base y, con su orquesta América, tocó «La Engañadora» en 1953 en un salón de baile de La Habana, dando lugar a un fenómeno que se extendió rápidamente por todo el mundo. El chachachá se convirtió en un baile latino reconocido a nivel mundial.

El Casino (salsa cubana): el baile de la revolución

El casino es el baile en pareja más emblemático de Cuba, que nació en La Habana en los años 50 a partir de figuras del son, el cha-cha-chá y el mambo. El nombre viene de los «casinos deportivos», unos clubes sociales y salones de baile de La Habana donde se fue forjando este estilo.

El casino surgió como una manifestación de baile anónima, entre las clases populares urbanas. No se corresponde con ningún género musical específico; es un baile para divertirse tanto a nivel individual como colectivo, y su dinamismo contemporáneo se refleja en la gran creatividad y libertad de sus movimientos corporales y espaciales. Este estilo de baile refleja hoy en día con fuerza el carácter mismo del pueblo cubano, constituyendo una síntesis de los rasgos que nos caracterizan.

El casino es actualmente el baile de salón más próspero y relevante, un fenómeno sociocultural que ha influido directamente en el desarrollo, la creatividad y la diversidad de la música bailable en Cuba. Se baila en pareja o en grupo, mezclando influencias de bailes africanos y europeos a través de la fusión del son, el son montuno, la rumba y la guaracha.

La Rueda de Casino: la fiesta circular

La Rueda de Casino es quizás la expresión más visual y festiva de la danza cubana. Varias parejas forman un círculo y ejecutan pasos sincronizados al ritmo de las indicaciones de un «cantante». La Rueda de Casino se diferencia de otros estilos de salsa por su uso espontáneo de la riqueza de movimientos de la danza afrocubana; un bailarín de Casino suele improvisar referencias a otras danzas, integrando movimientos, gestos y largos pasajes del legado folclórico y popular.

Otros tesoros rítmicos

Cuba también ha regalado al mundo otros ritmos igual de fascinantes. El Sucu-Sucu, una danza y melodía campesina de la Isla de la Juventud (antes Isla de los Pinos), se convirtió en un nuevo ritmo en 1946 gracias al promotor Eliseo Grenet. Es una variante del son, cuyo origen se remonta a finales del siglo XIX, y constituye una de las formas básicas de la música de la Isla.

La cuna del talento: escuelas y maestros

Cuba es una fábrica de talentos. La formación en danza es una prioridad nacional, y sus instituciones gozan de reconocimiento mundial.

El Ballet Nacional de Cuba: un patrimonio de la nación

El Ballet Nacional de Cuba (BNC) es una de las compañías de danza más prestigiosas del mundo. Lo fundaron el 28 de octubre de 1948, con el nombre de Ballet Alicia Alonso, Alicia Alonso, Fernando y Alberto Alonso. En 1950 se creó la Escuela Nacional de Ballet Alicia Alonso, adscrita a la compañía profesional, la primera de este tipo en Cuba, donde a partir de entonces se forjarían las nuevas figuras del ballet cubano.

Durante siete décadas, la compañía estuvo dirigida por la prima ballerina assoluta Alicia Alonso hasta su fallecimiento en 2019, momento en el que otra gran bailarina cubana, Viengsay Valdés, asumió la dirección. La compañía está considerada, desde 2018, como «Patrimonio Cultural de la Nación», y se la reconoce como «la máxima expresión de la escuela de ballet cubana, que ha logrado una fisonomía propia en la que la tradición de la danza teatral se funde con los rasgos esenciales de la Cultura Nacional».

Por sus filas han pasado los mejores bailarines de Cuba. Las llamadas «Cuatro joyas del ballet cubano» (Loipa Araújo, Josefina Méndez, Mirta Plá y Aurora Bosch) brillaron durante décadas en el BNC. Hoy en día, el BNC sigue contando con un sólido cuerpo de baile, en el que destacan los bailarines principales Sadaise Arencibia, Anette Delgado, Grettel Morejón, Dani Hernández y Rafael Qenedit.

Danza Contemporánea de Cuba: seis décadas de vanguardia

La compañía Danza Contemporánea de Cuba lleva seis décadas en activo. Fundada por el maestro Ramiro Guerra, por ella han pasado grandes bailarines y coreógrafos cubanos, todos ellos ganadores del Premio Nacional de Danza, como Santiago Alfonso, Eduardo Rivero, Rosario Cárdenas y su actual director, Miguel Iglesias. Ha actuado en escenarios de más de 90 países y ha participado en los festivales más prestigiosos del planeta, recibiendo elogios de figuras como Antonio Gades, Cristina Hoyos y Mikhail Baryshnikov.

Lizt Alfonso Dance Cuba: fusión y prestigio internacional

Creada en 1991 por la profesora Lizt Alfonso, esta compañía ha actuado en escenarios de prestigio como el City Center de Nueva York, el New Victory Theater de Broadway, el Shanghai Oriental Art Center, el Oude Luxor Theater de Róterdam y la Ópera de El Cairo.

Acosta Danza y Malpaso: las nuevas generaciones

Acosta Danza, fundada por el legendario bailarín Carlos Acosta, y Malpaso Dance Company, una compañía de danza contemporánea con sede en La Habana y asociada al Joyce Theater de Nueva York, representan la vanguardia de la danza cubana, fusionando las tendencias modernas con lo mejor de la danza cubana.

Escuelas para todos

Además de las instituciones profesionales, hay un montón de sitios donde tanto turistas como locales pueden sumergirse en los ritmos cubanos. La Casona del Son está considerada una de las escuelas de baile cubano de mayor nivel de La Habana. Salsa en Clave ofrece excelentes clases de salsa y otros ritmos cubanos como el son, la rumba, el chachachá y el afro. Casa Cuba ofrece talleres, clases magistrales, clases regulares y formación completa para todo tipo de público.

Conclusión: La isla que nunca deja de bailar

Cuba es, sin duda, una de las capitales mundiales de la danza. Su historia, su gente y su música se entrelazan en una danza perpetua que invita a todo el mundo a participar. Ya sea a través de los elegantes pasos del danzón, la energía desbordante de la rueda de casino, la sensualidad del guaguancó, la elegancia del chachachá o la precisión del ballet clásico, la isla ofrece un universo rítmico que cautiva a cualquiera que se deje llevar por su ritmo.

La UNESCO lo ha reconocido: la rumba cubana es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, un testimonio de la riqueza y la profundidad de esta tradición. Y el Ballet Nacional de Cuba es Patrimonio Cultural de la Nación.

Si alguna vez tienes la oportunidad de pisar suelo cubano, no lo pienses dos veces: déjate llevar por la música, busca una pareja de baile y únete a la fiesta. Porque en Cuba, como se suele decir, quien no baila, no siente.

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